El 31 de mayo de 2025 tuve el honor de participar en la 2.ª edición del congreso de Inteligencia emocional organizado por el Instituto de Educación Secundaria La Albuera de Segovia.
Este encuentro fue la culminación de un trabajo colectivo desarrollado a lo largo del curso por alumnado, profesorado y familias, centrado en las competencias socioemocionales como palancas de bienestar, desarrollo personal y éxito académico.
Una jornada abierta a toda la comunidad educativa
El congreso trascendió el propio centro: familias, docentes, instituciones y autoridades locales se unieron a los alumnos y profesores del IES La Albuera para reflexionar sobre el impacto de la inteligencia emocional en la sociedad.
De 9:00 a 14:00, se sucedieron ponencias, talleres y mesas redondas, generando un espacio rico en intercambio, aprendizaje compartido y experiencias prácticas en educación emocional.
Mi intervención junto a profesionales inspiradores
Tuve la oportunidad de intervenir junto a:
- Carmen García de Leaniz, directora del Programa Avanzado de Inteligencia Emocional de la Universidad UNIR.
- Shirleny Valencia, coach personal especializada en neurociencia.
- Javier González Castellano, docente de la UNIR, coach emocional certificado y coordinador de Acción Social en DKV Seguros.
Mi aportación se enmarcó en esta dinámica de colaboración. Realicé un taller para adolescentes y compartí los proyectos desarrollados en el Lycée Molière en el ámbito de la educación emocional.
El alumnado en el centro de la experiencia
Uno de los momentos más significativos fue la presentación de los trabajos del proyecto Miradas Emocionales, impulsado por las profesoras Inma García y Elisabeth Ochoa.
A través de actividades diversas —talleres en los recreos, retos emocionales en la sala de profesores, proyectos colaborativos—, el alumnado demostró cómo las emociones pueden convertirse en un motor de aprendizaje y cohesión.
Un paso más hacia una escuela más humana
Participar en este congreso fue una experiencia profundamente enriquecedora. Reafirmó mi convicción de que la educación emocional no es un complemento, sino una dimensión esencial de la educación integral.
No solo contribuye a mejorar el rendimiento escolar, sino que forma jóvenes más resilientes, empáticos y preparados para los retos del futuro.
Regresé de Segovia con energía renovada y un profundo agradecimiento al equipo del IES La Albuera, al alumnado, al profesorado y a las familias, que hicieron de este proyecto un verdadero movimiento colectivo.